El bidet # 1
Quiero hacer una reflexion acerca de este maravilloso artefacto de los baños argentinos al cual refiere el título de este blog: EL BIDET. así con mayúsculas, quizas la mayoría de los que lean este blog no le den la real importancia y cataloguen de insignificante al mismo, pero quiero creer que todas las mujeres que alguna vez tuvieron tratos con el bidet, (en Argentina o cualquier otro lugar del mundo donde exista y se use a diario), estarán de acuerdo conmigo en que su presencia en los baños es sumamente importante, simple cuestion de higiene íntima. Mi primer contacto con un baño sin bidet fue en Alemania, en el siglo pasado, 1990 para ser más específica, ese mes y medio que sufrí con la ausencia del bidet, fue terrible. En ese momento descubrí cuánto lo amaba, cuan necesario era en mi vida, en esos tiempos sentía que no iba a sobrevivir un día mas sin mi querido sanitario. Sin embargo, lo logré. Luego ya en Argentina lo adoré, lo usaba sin motivos, por el mero placer de sentir el agüita ahí donde ustedes ya saben. Lo limpiaba sin que estuviera sucio, lo adoraba sin que se lo mereciera tanto, al fin y al cabo, al pobre lo inventaron para recibir la mugre ajena. Pero precisamente por eso yo adoré al pobre bidet. Recuerdo que por las noches, lo llenaba con agua tibia, con algunas sales refrescantes, me sentaba sobre la tapa del inodoro, y ponía mis delicados pies dentro del bidet para darles un baño refrescante y relajante. Otras veces, igual que para los pies, lo llenaba de agua tibia, pero en vez de sales le ponía un chorrito de espadol (¿todavía existe en Argentina?) y me daba mis hermosos baños de asiento, hacía esto por el mero placer de estar en contacto con mi bidet.
Pasó el tiempo y para 1993, me vengo a México a estudiar una maestría. Mi primer alojamiento fue en la casa de la Sra. Gianninna Papis de Mateos, argentina de nacimiento, mexicana por nacionalización. Gran señora, mis respetos. El caso es que directamente desde el aeropuerto me llevan a casa de Gianninna. Qué alegría al entrar al baño, había un precioso bidet rosado. Como supondrán, inmediatamente me traquilicé, al pensar que no tendría que vivir las mismas peripecias que en Alemania tres años atrás. Ya saben "los días femeninos", como dicen aqui en México. Se darán cuenta que en esos días, los tres o cuatro que dura la menstruación, las mujeres necesitamos higienizarnos más seguido. Pasé un mes y medio de gloria, en contraste con el mes y medio de martirio en Alemania Pero...(siempre hay un pero para las cosas buenas), me fui a vivir a una casa de huéspedes, cuyos dueños son mexicanos de nacimiento. Oh! sorpresa, no tienen bidet en los baños, ni el de hombres ni en el de mujeres. Qué horror!. Otra vez las peripecias, otra vez las incomodidades, etc. Pero como todo, encontré la armonía (falsa, por supuesto) entre mi acontecer diario y la ausencia de bidet en mi vida. En el próximo blog termino el tema, gajes de esposa y madre: tengo que dar de cenar a mi familia. Espero comentarios, ideas, o lo que sea acerca del amado BIDET. Para Malena si lee esto, cuéntame cómo vives sin bidet, allá en Alemania. De Raquel ya lo sé porque ella me enseñó algunos truquitos cuando anduve por allá. Para Margarita y Ana, tienen bidet donde viven?. Hasta la proxima.

